Perfil de Jim Morrison
El pelo revuelto, la mirada desafiante y lejana, la sonrisa olvidada y el cuerpo marcado por la juventud eterna de un poeta y cantante que lideró una de las bandas más enigmáticas de los años 60, desafía a la muerte cara a cara, a cada paso, mientras las cortinas de gritos bajan del público como un catarata ilusoria que ilustra su propio mundo.
James Douglas Morrison Clarke, más conocido como Jim Morrison, nació el 8 de diciembre de [...]
La única forma de dominar la naturaleza es obedeciéndola. (Francis Bacon)
Hace no tantos años, el cuidado de la ecología pertenecía a pequeños grupos. No formaba parte de los temas que preocupaban a las sociedades, y menos a las latinoamericanas, que siempre tuvieron que ocuparse, en primera instancia, por la supervivencia. En el debate político, la defensa ecológica no estaba instalada. Tampoco en los discursos de los partidos políticos tradicionales, pero quizás sí en la plataforma de algún partido nuevo con intención de voto en la clase media-alta (Clase dirigente de las organizaciones ecologistas). Al no formar parte de la agenda mediática, el tema quedó relegado a un segundo plano.
De a poco, catástrofes por medio, con el apoyo de la prensa (que también supo abordar el tema disociado de la política cediendo espacios a programas “ecológicos”), la relación entre el hombre y la naturaleza fue tornándose tema importante en los medios y luego en la política. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lo impuso como uno de sus principales temas de campaña y con ello logró muchos votos de los más jóvenes, que inclinaron la balanza en su favor.
Entendiendo al ser humano en comunión con la naturaleza ¿Se puede hablar de política sin hablar de los recursos naturales, de las fuentes de energía, del tratamiento de los desperdicios? Es como explicar la política sin la economía y a las dos sin considerarlas en función del hombre en sociedad.
La vida necesita del agua para sobrevivir y no se puede gobernar un país sin conocer como se garantizará el cuidado y renovación de estos recursos estratégicos para cualquier población, de aquí al futuro inmediato y a largo plazo. En consecuencia, entre política y medio ambiente hay una relación intrínseca que al disolverse (o no fusionar) ponen en peligro la existencia misma de la humanidad.

"La nueva bandera de los Estados Unidos debería ser con las rayas blancas pintadas de negro, y las estrellas sustituidas por un cráneo y dos huesos cruzados". Mark Twain.
Por eso, la indignación mundial ante la postura de E.U.A, la mayor productora mundial de CO2, con el Protocolo de Kyoto. La negación a ratificar el acuerdo internacional para reducir en un %5 la emisión de gases que causan el calentamiento global por parte de E.U.A, marca claramente la política ambiental de ese país. La gran potencia económica mundial ha mantenido a lo largo de las diferentes administraciones la misma estrategia respecto de la cuestión ecológica: aceptar las condiciones mientras no intervenga en los negocios de las grandes empresas. El inmenso imperio construido sobre el petróleo, que justificó guerras insensatas en países alejados a los largo de las últimas décadas, se ve en peligro con las nuevas políticas ecologistas que pregonan por energía limpia, renovable y auto-sustentable.
“La marea negra en el golfo de México es una catástrofe quizá sin precedentes y la compañía BP va a pagar la factura”. Con esta contundencia se expresó Barack Obama en su primera visita a Lousiana para evaluar los daños que está provocando el derrame de combustible producido por el incendio y luego hundimiento de la plataforma petrolera de British Petroleum en aguas del Golfo de México. Contundencia que no tuvieron hasta el momento las políticas norteamericanas sobre medioambiente: tanto Clinton como Bush no se comprometieron a cumplir con lo que la comunidad mundial había acordado en Kyoto en 1997. El tratado fue firmado pero no ratificado y, en 2001, el gobierno de George Bush se retiró del tratado por considerarlo ineficiente e injusto, debido a que no involucraba a países emisores en vías de desarrollo como India y China, con lo cual su economía se vería perjudicada.
El flujo de petróleo vertido, desde el 22 de abril, por el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon varía según la fuente de información, pero todas coinciden en la dificultad para calcularlo y en la gran magnitud del mismo. Según la empresa responsable, serían 800.000 litros diarios, aunque esa estimación es para ellos mismos “altamente imprecisa”. Un estudio de especialistas en oceanografía de la Universidad de Florida revela que el vertido sería de 4.000.000 diarios, cinco veces mayor que lo declarado por la empresa. También hay desacuerdos en el tiempo necesario para tapar la fuga del crudo: entre 45 y 90 días, dependiendo de si el clima resulta o no favorable. Por el momento, hay un gran dispositivo que realiza la tarea de contener la mancha y recoger el petróleo, para disolverlo mediante una nueva técnica. Teniendo en cuenta el flujo del derrame y el tiempo necesario para sellar la fuga, esta será la peor tragedia ecológica en la historia de Estados Unidos.
Los daños producidos en uno de los ecosistemas más ricos del país pueden ser irreversibles. El mismo Obama declaró que puede ser una catástrofe ecológica sin precedentes. Las pérdidas económicas son incalculables, las industrias pesqueras y turísticas sufrirán un fuerte golpe.
La marea negra tendría unos 200 km de largo por 112 de ancho y estaría a unos 77 km de distancia de la costa. El arribo a las costas de Lousiana, Florida y Alabama de la mancha sería un golpe mortal para la economía y la vida en general en esos estados.
Resulta una ironía (o no tanto) que esto suceda en el Gobierno de quien se mostró con una posición favorable a los cambios en cuanto a la cuestión ambiental. En su campaña fue una de las columnas de su discurso y en los primeros meses de gestión designó a Steven Chu, científico y premio Nobel que realizó investigaciones sobre fuentes energéticas alternativas y renovables, en la Secretaría de Energía.
Esta tremenda catástrofe ambiental tendría que servir al Gobierno actual y a los futuros de E.U.A para reflexionar acerca de la relación entre el hombre, el poder y la naturaleza. Es una advertencia (tal vez demasiado cara) para que tomen el liderazgo, que ellos mismos se arrogan, e impulsen de una buena vez a todos los países a tomar las medidas necesarias para estar en armonía con nuestro único hogar.
La política, en este nuevo siglo, tiene este desafío: orientar sus esfuerzos en la investigación, plantear una estrategia, legislar sobre las decisiones, asignar el presupuesto necesario y luego tomar el control de la vigilancia ecológica. En conclusión, no se puede disociar un tema de otro y tratarlos como si fuesen cosas distintas. La política, al fin, debe estar al servicio de las necesidades humanas y no al de los intereses económicos. De otra manera, la espada que pende de un pelo de crin sobre nuestra cabeza, mientras asistimos como un Damocles moderno a los banquetes más abundantes, caerá sobre nuestra propia existencia.
Link recomendado: www.greenpeace.org/argentina/contaminaci-n/agua












