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David Alfaro Siqueiros, "Nuestra imagen actual", 1947.

“El miedo es un apéndice de la sociedad, ya no se puede vivir de esta forma”, acota mi vecina. Lo expresa de una forma muy teatral, su rostro está impregnado de tensión y su gesticulación es propia de un último momento noticioso.

¿Qué es el miedo? Hay distintos tipos. Pero el que expresa mi vecina no es más que el de una obra de títeres. Su empeño por generarme terror lleva a que en mi imaginación, ella se encuentre manejada por un monstruo detrás de un telón que es imposible de ver pero si de interpretar. Yo soy un simple espectador.

Mi madre pregunta: ¿Cómo estás nene?, ¿cómo está Buenos Aires? Sigue igual respondo.

Interpretar el miedo de la otra persona, justamente, es lo que me genera inquietud.

¿De dónde proviene?, ¿Será que proviene de la experiencia, de los comentarios, de los medios? Decir que hay miedo se ha vuelto un cliché.

A fines de 2001 George Bush, presidente de los Estados Unidos, fue el artífice principal de generar miedo en su país. Ante el terror de los atentados sufridos, argumentó su invasión a Afganistán y luego a Irak. La población estadounidense apoyó esta decisión: “Cuídanos del mal hermano y sácanos el miedo”.

Y el miedo, ¿se ha ido? No. Estados Unidos tiene una política de seguridad muy tradicional, desde los tiempos de bandidos hasta el día hoy. Cada uno por sí solo debe cuidarse a sí mismo con un arma. No hay otra alternativa, el miedo está naturalizado y convive con ellos. Y entonces, imagino un supermercado argentino en que se pueda comprar armas (como los hay en Norteamérica); y reflexiono: aquí la obra teatral dejaría de ser ficción.

El miedo es un arma invisible utilizada con el fin de provocar consecuencias sobre la sociedad. Vivir encerrado sería una ellas. El miedo es persuadir al ciudadano para que no realice su fin pero piense que vive libre. El deberá cuidarse por sí mismo: rejas, armas y “si mata tiene que morir”.

El miedo en mi vecina ya se ha naturalizado. Su obra teatral se exhibe en forma gratuita en todo el barrio y sus espectadores se queman las manos al aplaudirla. Ellos, tal vez, no lo sepan, pero comienzan a tener temor del otro. Y, lentamente, toda la sociedad en su conjunto es manejada por aquello que construye esa realidad ficcionada que lleva como título ésas cinco letras: MIEDO.

* William Shakespeare

Por Emiliano Villanueva | Vanguardias - 18 de Mayo, 2011 |