Perfil de Jim Morrison
El pelo revuelto, la mirada desafiante y lejana, la sonrisa olvidada y el cuerpo marcado por la juventud eterna de un poeta y cantante que lideró una de las bandas más enigmáticas de los años 60, desafía a la muerte cara a cara, a cada paso, mientras las cortinas de gritos bajan del público como un catarata ilusoria que ilustra su propio mundo.
James Douglas Morrison Clarke, más conocido como Jim Morrison, nació el 8 de diciembre de [...]
Perfil de Jim Morrison
El pelo revuelto, la mirada desafiante y lejana, la sonrisa olvidada y el cuerpo marcado por la juventud eterna de un poeta y cantante que lideró una de las bandas más enigmáticas de los años 60, desafía a la muerte cara a cara, a cada paso, mientras las cortinas de gritos bajan del público como un catarata ilusoria que ilustra su propio mundo.
James Douglas Morrison Clarke, más conocido como Jim Morrison, nació el 8 de diciembre de 1943 en el seno de una familia de clase media. Debido al trabajo de su padre, militar estadounidense, el pequeño Jim tuvo varios hogares a lo largo de su infancia. Por esto, nunca sintió un apego a lugares o personas, y esto marcó con contundencia su personalidad. A los 19 años se marchó de su hogar para estudiar cine en la Universidad de Florida pero, luego, se mudó a Los Ángeles para seguir con sus estudios en la UCLA.
Fue allí donde, después de graduarse, conoció a Ray Manzarek y formó los primeros intentos de lo que más adelante sería The Doors. Jim Morrison escribía casi compulsivamente poesía mientras que su compañero acariciaba las palabras con su teclado. Al principio eran voces recitadas, hasta que un día, Ray le pide que las entone como una canción y queda sorprendido por la voz imponente y melódica de un poeta que nunca había estudiado ni una sola nota musical.
Se unen a este dúo, Robby Krieger (Guitarra) y John Densmore (batería), para terminar de conformar The Doors.
La música del grupo desglosaba las armonía en miles de partículas dispersas en el aire y enriqueciendo la letra, que se apoyaba en las acertadas notas, casi como si hubieran nacido juntas. Jim Morrison desplegaba movimiento más cercano a las tribus indígenas de Norte America, como un Chaman que cura a su pueblo de la hipocresía y el consumismo. Tan parecido a un hippie (aunque no practicaban activamente esta contra cultura), demostraba en el escenario que el rock podía ser algo más teatral y lo practicaba como un culto y una religión.
Fue muy notoria su adicción a las drogas. El mismo Morrison no escapaba de su adhesión y hasta lo mencionaba públicamente. Casi como un modo de vida, el LCD en los años 60, marcaron un hito en la cultura y el arte. Grandes músicos, escritores, artistas plásticos, fotógrafos y diseñadores fueron usuales consumidores de alucinógenos como medio para salirse de la esclavitud de su mente y separarse de su cuerpo hasta el punto máximo.
El talento de Jim Morrison marcó una era en la música. Redescubrió el rock y lo integró a una faceta más poética. No sólo los meros instrumentos quedaban como apoyo y compañeros melódicos, sino que levantaban el arte de la voz y el sentido místico de las palabras que Morrison desplegaba en los distintos shows. Y como lanzas filosas, rompían los cráneos de un público anestesiado por el humo y el alcohol. Los fans bailaban desnudos, despojados de toda atadura, a lo que el líder de The Doors indicaba en cada presentación como una filosofía y un llamado a la libertad de expresión. Pero toda esta libertad y exposición pública le trajo muchos problemas al grupo y al propio Jim.
Fueron los juicios por exhibicionismo, detenciones por desorden público lo que catapultó al grupo como una banda provocativa y activista. Jim Morrison cansado de pelear contra un sistema que no pudo derrocar, se retiró a Paris, a descansar de su propia vida. Junto Pamela, su novia más conocida y con la compartió casi toda su carrera, dejó el arduo camino de estrella de rock para pasar ser un escritor casi solitario. Como alguien que añora su vida privada y desea reencontrarse con sí mismo, Jim Morrison se escondió en un hotel parisino donde la muerte, musa de su poesía, lo encontró con la mirada perdida y el rostro pegado al futuro, desnudo en una tina de baño. Mientras el sol del amanecer atravesaba la ventana con los rayos de un nuevo día. Fue un final de película, como si el mismo hubiera dirigido su propia muerte y diseñado premeditadamente hasta la fotografía.
El 3 de junio de1971, falleció Morrison en Paris. Su música sigue siendo tan mística y provocadora como en aquellos años. La poesía de Jim, regresa una y otra vez, con el pelo revuelto, la mirada desafiante y la juventud que la muerte eternizó. Dejó el grito retador en cada poesía.









