Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player

Hubo un momento en la historia de la humanidad en el que existían hordas de personas que raptaban a jóvenes vírgenes y las trasladaban a pueblos vecinos, donde eran ofertadas en una especie de remate público para su uso y abuso.
El Dios venerado para esta práctica no era otro que el de la codicia, Supremo de la fuerza pública y de los jueces, y sustentado por los imprescindibles morbosos-clientes.